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En esta película franco-canadiense Remy es un hombre que en la edad madura ha de enfrentar la muerte ante la evidencia de un cáncer que se encuentra en fase terminal. Como saldo, una vida no muy afortunada, al menos desde la perspectiva tradicional de lo que debe ser una existencia tranquila ordenada y feliz. ....Divorciado y con una larga lista de romances pasajeros, aventuras. Padre de dos hijos ya adultos, a los que la propia historia familiar ha hecho distanciarse, no sólo en lo afectivo, sino también en lo geográfico con océanos de por medio. ....Sebastián, el hijo varón, se resiste a regresar al hogar para acompañar a su padre en los últimos días. Recuerda que en el último encuentro, años atrás, estando juntos tan sólo 15 minutos, no lograron intercambiar ni una palabra.
....Nada de eso. Lo delineado en la historia no es otra cosa que el pretexto para reflexionar acerca de nuestros aprendizajes afectivos, que suelen ser también extensivos cuando la vida nos pone en la circunstancia de relacionarnos con otros, como padres, como hermanos, hijos y amigos.
....Remy es un sapiente maestro universitario. Sebastián, el hijo, en cambio, no ha completado la lectura de un solo libro, como suele suceder con muchos de nuestros profesionistas que no tienen reparo en estudiar lo que a su campo compete, pero nada más. El padre tiene un sueldo modesto, como los que en todo el mundo reciben quienes se dedican a la enseñanza. Su hijo, como profesional financiero, recibe en un sólo mes la cantidad que Remy ganaría en un año.
....Remy enseña y aprende, al convivir obligadamente con el hijo, ya no en una relación en la que el adulto impone, sanciona, educa, dirige y a veces descalifica, sino en un plano de igualdad. Sebastián también enseña y aprende, mira lo que como niño o adulto no podía comprender, eso que sólo se devela en una relación de igual a igual. |
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