Durante el siglo XX nuestro planeta elevó su temperatura. En realidad se trató de un cambio mucho muy pequeño, tan sólo 0.8 grados Celsius. Parece que no es nada, si tomamos en cuenta que podría ser la diferencia de temperatura que tiene nuestro cuerpo entre la noche, cuando dormimos, y el día, en las horas de más actividad. Tan insignificante que apenas lograríamos percibir el cambio mediante nuestro sentido del tacto.

 

¿Por qué tanta alarma entonces?


Bueno, pues por el hecho de que esas temperaturas promedio seguirán aumentando en la misma medida en que sigamos arrojando gases contaminantes a la atmósfera.


¿De cuántos grados podría ser esa diferencia en los próximos 100 años?


Eso depende de lo que hagamos para resolver el problema de esos gases que tienen efecto invernadero. Los científicos más catastrofistas calculan que podría incrementarse en casi 6 grados, mientras que los más confiados esperan que el aumento sea de sólo un grado y medio.


En cualquiera de los dos casos parece muy poco y quizá hasta nos haga pensar que a los ambientalistas les gusta prevenir a la gente por cualquier cosa. Sin embargo, para la naturaleza en su conjunto esos pequeños cambios pueden ser tremendos y también enormes sus efectos en el mundo, al menos como lo conocemos.

 

 

La superficie terrestre se hará más pequeña


¿Recuerdas los mapamundis y los globos terráqueos con los que has trabajado en la escuela? ¿A poco no sorprende el tamaño de la superficie iluminada con el color azul y que representa las aguas oceánicas? De sobra sabemos que el área cubierta por los mares es bastante mayor que aquella en la que encontramos islas y continentes.


Bueno, pues piensa en lo que sucedería si se comenzaran a derretir las grandes masas de hielo que ocupan los polos de nuestro planeta. Conste que no estamos hablando de su desaparición total, simplemente la disminución parcial de su extensión o su altura. Resulta lógico pensar que si el hielo se transforma nuevamente en agua, ésta deberá ir a algún lado.


¿Qué lugar? ¡Por supuesto que los mares!


De acuerdo, y si hay más agua, evidentemente que subirá el nivel, ¿de acuerdo?


Algunas estimaciones calculan que al terminar el siglo XXI, los océanos podrían elevar su nivel hasta en unos 88 centímetros, que tampoco parece algo extraordinario, menos de un metro. Compara con tu altura y verás que llegaría más o menos a la altura de tu cintura o quizá hasta un poquito más arriba.

 

¿Cómo es entonces que cambiaría el mundo?


Muy simple, quedaría hundido todo aquello que tuviera una altura más baja que eso. Por ejemplo, casi todas las playas que conoces o incluso algunas islas completas. Lo mismo ocurriría con partes importantes de varios continentes que se encuentran a una mínima altitud o incluso están por debajo del nivel del mar, aunque se encuentren tierra adentro, como es el caso de Holanda.


De hecho nuestro país, México, vería cómo se sumergen paulatinamente, trozos enormes de sus dos penínsulas, la de Baja California y la de Yucatán.