JUAN JOSÉ ARREOLA: DECALAMADOR

Le gustaba mucho recitar poesía en voz alta, frecuentemente declamaba a Sor Juana Inés de la Cruz. Me enseñó bastantes poemas, de hecho así me introduje en ese universo. Durante años trabajó en la UNAM en Difusión Cultural. Fue el primer director de la Casa del Lago, proyecto donde se explayó creando la Compañía de Poesía en Voz Alta. Ahí se organizaban grandes recitales de poesía los domingos. Se declamaban, entre otros, poemas de Ramón López Velarde, de Xavier Villaurrutia y de Carlos Pellicer, quien en alguna ocasión fue maestro de mi padre y quien además le dedicó unos sonetos preciosos. Generalmente participaban personajes como Enrique y Eduardo Lizalde, Enrique Rocha, María Teresa Rivas, María Teresa Montoya y Rosenda Monteros. Hacían un hermoso coro recorriendo toda la poesía mexicana y latinoamericana.


JUAN JOSÉ ARREOLA: EDITOR

Era un editor a la antigua, leía los textos con el autor y juntos hacían las correcciones. Entre 1954 y 1958 trabajó arduamente como editor. Fundó la colección de libros Los presentes, en los que publicó, en sus comienzos, obras de Elena Poniatowska, Tomás Segovia; el primer libro de Carlos Fuentes: Los días enmascarados; y Parentalia, de don Alfonso Reyes, que ya era una especie de patriarca de la literatura mexicana y quien siempre quiso mucho a mi padre; en algunos aspectos fue su preceptor. Es bueno saber que en ese periodo los editores mexicanos no eran muy dados a recibir textos literarios, hasta después apareció el perfil moderno de los editores que comenzaron a aceptar escritores. Yo he sido un atento estudioso, lo digo con modestia y sinceridad, de la producción editorial mexicana. En ese lapso mi padre editó y publicó un libro a la semana, máximo cada quince días. Recientemente el investigador Oscar Mata realizó un bello trabajo: la bibliografía de las obras editadas por Juan José Arreola. Después de publicar alrededor de sesenta títulos en Los presentes, más diez de poesía en plaquet, de la primera serie, en los que también participaron como editores Jorge Hernández Campos y Enrique González Casanova, editó los Cuadernos del Unicornio, hasta ahorita hemos encontrado alrededor de cuarenta, entre ellos: "Victorio Ferri cuenta un cuento", uno de los primeros cuentos de Sergio Pitol, La sangre de Medusa de José Emilio Pacheco, Sonetos del odiario de Fernando del Paso... La lista es muy amplia, e incluye nombres como el de Vicente Leñero y Eduardo Lizalde. Así terminó su primera etapa como editor, pero tuvo varias más.


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