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Las señoras no caminan por las calles
"En México no se practica el paseo a pie, que aquí se considera como poco elegante; y aunque a veces algunas señoras vestidas de negro y puestas de mantilla, se aventuran a andar a pie muy temprano en la mañana para ir a misa o de compras, están las calles en tan mal estado y aceras son tan estrechas , tan compacto el gentío, el hormiguero de léperos en andrajos tan molesto, que todos estos inconvenientes, a los que hay que añadir la fuerza del sol al mediodía, ofrecen una perfecta excusa para que las señoras no se dejen ver en las calles de México"

La Alameda y el paseo de Bucarelli
"Nada más agradable que caminar por la Alameda, que es tan hermosa y en donde se goza de una agradable sombra. El paseo llamado de Bucareli, que toma su nombre de un virrey, es una larga y ancha avenida orlada con los árboles que él mismo plantó, y en donde se halla una fuente grande de piedra, cuyas centelleantes aguas se asemejan frescas y deliciosas, y que remata una dorada estatua de la Victoria. Aquí, cada tarde, pero de preferencia los domingos y días de fiesta, se pueden ver dos largas filas de carruajes llenos de señoras, multitud de caballeros montando a caballo entre los espacios que dejan los coches, sodados, de trecho en trecho, que cuidan el orden y una muchedumbre de gente del pueblo y de léperos, mezclados con algunos caballeros que se pasean a pie.
Casi todos los carruajes son de una extraordinaria belleza. Junto a los carruajes más elegantes pueden verse algunos coches de alquiler tirados por mulas. Como la mayor parte de los coches son cerrados, sólo permiten ver a medias a los que van en el interior, cuando pasan cambiando saludos con un movimiento de los dedos o con el abanico.
Los jinetes, con sus finísimos caballos, y vestidos con hermosos trajes a la mexicana, parecen no advertir el paso de las damas, rara vez las saludan y nunca se atreven a entablar conversación con ellas."

La Viga
"Este paseo ahora se está poniendo de moda. Le bordea un canal, con árboles que le dan sombra, y que conduce a las Chinampas y se ve siempre lleno de indios con sus embarcaciones en las que traen fruta, flores y legumbres al mercado de México. Muy temprano en la mañana, es un agradable espectáculo verlos cómo se deslizan en sus canoas, cubiertas con toldos de verdes ramas y flores."

 

Fuente:
Madame Calderón de la Barca, La vida en México durante una residencia de dos años en ese país. Traducción y prólogo de Felipe Teixidor, Ed. Porrúa, 1970. (Sepan Cuántos...., Núm. 74)

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