En un fiesta
"En conjunto vi pocas bellezas dignas de llamar la atención, poca gracia
y muy poco talento para bailar. Había demasiado terciopelo y raso, y
los vestidos recargados en demasía. Los brillantes, aunque soberbios,
estaban mal montados. Los vestidos, comparados con la moda actual, eran
de corto absurdo, y los pies, pequeños por naturaleza, apretados dentro
de zapatos aún más pequeños, echaban a perder su gracia al andar y cuando
bailaban.
Vi ojos soberbios, brazos y manos bellísimos, modelos perfectos para
un escultor, en especial las manos, y muy pocos cutis hermosos."
Lo
bueno y lo malo
"La belleza
de las mujeres de aquí consiste en los soberbios ojos negros, en el
hermoso cabello oscuro, en la hermosura de brazos y manos, y en su pequeño
y bien formado pie. Y sus defectos: de que con demasiada frecuencia
son de corta estatura y demasiado gordas, de que sus dientes suelen
ser malos, y el color de su tez no es el olivo pálido de las españolas,
ni el moreno brillante de las italianas, sino un amarillo bilioso. En
cuanto a amabilidad y cariñosos modales, nunca me he encontrado con
mujeres que puedan rivalizar con las de México."
La
niña
"Se considera aquí más cortesano decir Señorita que Señora, aun cuando
se trate de una mujer casada; y la dueña de la casa es generalmente
llamada La niña, aunque pase de los ochenta."
Las
indias
"En cuanto a las indias, las que vemos todos los días traer al mercado
sus frutas y sus legumbres, son, hablando en términos generales, sencillas,
de humilde y dulce apariencia, muy afables y corteses en grado superlativo
cuando se tratan entre sí; pero algunas veces se queda uno sorprendido
de encontrar entre el vulgo caras y cuerpos tan bellos, que bien puede
suponerse que así sería la india que cautivó a Cortés; con ojos y cabello
de extraordinaria hermosura, de piel morena pero luminosa, con el nativo
esplendor de sus dientes blancos como la nieve inmaculada, que se acompañan
de unos pies diminutos y de unas manos y brazos bellamente formados,
y que ni los rayos del sol ni los trabajos alcanzan a ofender."
Las
criadas
"Las criadas mexicanas tienen algunas muy buenas y nuncas desmentidas
cualidades. Son modelos de cortesía, humildes, serviciales, de muy buen
carácter, y con facilidad se aficionan a quienes sirven. Una de las
costumbres más desagradables de las criadas es el de llevar el cabello
suelto en todo su largo, enmarañado, sin peinar, y enredándose siempre
en todas partes. No puedo comprender cómo las señoras mexicanas, que
tanto se quejan de ello, lo permiten. Ese flotar de los cabellos suena
muy pintoresco; mas cuando están sucios y como suspendidos sobre la
sopa, no es un cuadro muy atractivo, que digamos."
La
educación de las señoras
"Hablando en términos generales he de deciros que las Señoras y Señoritas
mexicanas, escriben, leen y tocan un poco, cosen, y cuidan sus casas
y de sus hijos. Cuando digo que leen, quiero decir que saben leer; cuando
digo que escriben, no quiero decir que lo hagan siempre con buena ortografía
y cuando digo que tocan, no afirmo que posean, en su mayoría, conocimientos
musicales. Sucede con frecuencia que las muchachas peor educadas son
hijas de hombres muy inteligentes, que pegados a las costumbres de sus
abuelos se contentan con que se confiesen con regularidad, asistan asiduamente
a la iglesia, y lleguen a bordar y a cantar un poco. Donde se encuentra
un criterio más amplio es, sobre todo, entre las familias que han viajado
por Europa, y han visto la educación tan diferente que recibe la mujer
en los países extranjeros."