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La Primavera / Sandro Botticelli/ Oleo sobre tela/ 1477-78/ Uffizi, Florence
 
 

 

El 29 de mayo de 1913 el Theâtre des Champs Élyseés se dividió entre un grupo de furiosos espectadores que consideraron el estreno de la coreografía "La consagración de la primavera" como un espectáculo denigrante, provocador, obsceno e incluso ridículo, y otro que reconoció tanto la importancia e innovación de la música de Igor Stravinski, como la coreografía de Vaslav Nijinski.

El impacto no fue en realidad por el vestuario atrevido de Nicholas Roerich, ni las poco convencionales armonías de Straviski, ni la coreografía sincopática de Nijinski, sino que influyó también el hecho de que los Ballets Rússes de Diaghilev representaban en escena un rito primitivo que culminaba con un sacrificio humano: cuando Maria Piltz en el papel de la Electa cayó bajo el puñal del Sabio, los espectadores no podían creer lo que había sucedido.

En ese principio de siglo, desconocedor de las guerras que años más tarde desgastaran el optimismo que sostenía la evolución del hombre hacia una vida mejor, el espectáculo de un rito como la renovación de la naturaleza mediante un sacrificio humano fue excesivo, pues se trataba de la magia llevada a su máxima consecuencia: en ese momento las secretas simpatías de las leyes naturales con los actos de los hombres no podían ser entendidas.


La Consagración de la Primavera de Stravinsky
por el ballet del bailarín y coreógrafo francés Maurice Béjart.
Foto: Collete Mason/ Enguerand París

El ciclo

La primavera es una era de regeneración de la naturaleza y de la vida en la Tierra. Tras un periodo en el cual plantas y animales disminuyen su actividad y en el que el mismo sol parece menos cálido, la primavera aparece como una esperanza de vida. ¿Cómo evitar entonces la realización de un sacrificio para garantizar que el proceso continúe eternamente? Para algunas sociedades primitivas la liga mística entre sus propios actos y los ciclos naturales era patente, de tal manera que


... el pequeño drama que él [el hombre primitivo] representaba en un claro de la selva o en una cañada de la montaña, en una planicie desierta o en una playa barrida por los vientos, sería aceptado y repetido por actores más potentes en un escenario mayor. Imaginaba que disfrazándose con hojas y flores ayudaría a la tierra desnuda a vestirse de verdor, y que mediante la escenificación de la muerte y del entierro del invierno alejaría la sombría estación anual y facilitaría el camino de vuelta a la primavera.

De manera que lo único que podría esperarse, después de un invierno con árboles desnudos y tierra dura y fría, es que se hiciera un intento por vestir de hojas a los árboles y de flores a los campos. Así, de Australia Central a Europa, de la Patagonia a Grecia, el mundo se encuentra lleno de ceremonias mágicas que tienen el propósito de colaborar con la naturaleza para que la primavera regrese.


Primavera
Cydney Taylor
Acrilico sobre tela

118.11cm X 167.64cm


 

Los mitos de Tamuz o Adonis pueden ser considerados como una representación del ciclo anual de las estaciones: el ciclo perpetuo de vida y muerte de los enamorados, de las diosas madres que personifican la energía vivificadora y reproductiva de la naturaleza. Mientras los amantes permanecían en la Tierra junto a sus amadas diosas, la tierra cantaba y se llenaba de verdor y de color; y cuando morían y debían bajar al inframundo, y las diosas sufrían, la superficie de la Tierra quedaba sombría y marchita, a tal grado, que incluso la pasión por el amor y la vida parecía apagarse.


Adonis
Fresco
Pompeya
50 d.c aprox.

Pero esta pérdida implicaba tal catástrofe, que incluso los dioses de los muertos y las leyes naturales cedían y dejaban regresar a los amantes para que, una vez reunidos, la vida estuviera restaurada de nuevo. Adonis regresaría y junto con él las cosechas y el calor. Y para ayudar al proceso, ¿qué mejor que cortar un árbol joven y plantarlo en la plaza para que jóvenes de ambos sexos bailen a su alrededor y le ofrezcan cebada y pétalos de flores? En la India se realizaba esta ceremonia: el coro de jóvenes se reunía alrededor del árbol Karma (ornamentado con cintas de colores, brazaletes y collares de paja). En Europa todavía se llevan a cabo los bailes de la noche de San Juan; en Cerdeña y Sicilia, por ejemplo, aún se celebran bodas simbólicas en las que los novios escenifican distintos rituales relacionados con la fertilidad de la tierra.

De los sangrientos bailes de los coribantes romanos que emulaban a Atis, o las melancólicas ceremonias nórdicas que pretendían revivir a Balder, hasta la pasión y muerte de Cristo, o las leyendas sobre la Tierra Baldía -que en el ciclo del Rey Arturo se relacionan con la herida de Longinos-, los hombres siempre se han preocupado por garantizar que el invierno no sea eterno y que la naturaleza tenga la fuerza necesaria para volver a florecer año tras año. De esta manera no puede extrañarnos que todavía hoy se hagan algunas ceremonias o sigan cumpliéndose algunos ritos de magia simpatética, relacionados profundamente con estos intentos por renovar la naturaleza.


De ritos y colectores
Maribel Portela
Terracota
2001

En Turingia, después de recoger en un saco que cuelga hasta las rodillas el lino sembrado, el campesino camina con grandes pasos, de tal modo que el saco bambolee de un lado a otro. Esto para que el lino ya crecido ondule ante la brisa.

En Sumatra las mujeres son las encargadas de sembrar el arroz. Lo hacen con el cabello suelto y largo para que el arroz crezca espeso y de cañas largas.

En el antiguo México, cuando el grano del maíz estaba completamente formado, las mujeres agitaban el cabello suelto y largo mientras bailaban para que el grano fuese grande y se diera en abundancia.

En Europa, en el Franco-Condado, se baila en los carnavales para que el cáñamo crezca muy alto.

En Austria y Baviera se da el primer fruto de un árbol a una mujer embarazada para que la recolección del año siguiente en ese mismo árbol sea abundante.


De ritos y colectores
Maribel Portela
Terracota
2001

Los griegos y romanos sacrificaban mujeres embarazadas a la diosa del cereal y de la tierra para que el suelo produjera y el grano engordase en la espiga.

Los indios de Orinoco hacen sembrar a sus mujeres bajo un sol abrasador y con sus criaturas al pecho, porque son ellas quienes saben producir y qué hacer con la simiente para que se reproduzca.

Los galelareses no disparan flechas bajo árboles con fruta, pues ésta podría caer. Tampoco utilizan las semillas que escupen de la sandía para sembrar pues, aunque germinen, los capullos caerán.

Los bávaros creen que si dejan caer una fruta a la tierra, el árbol que salga de esa fruta dejará caer todo su fruto sin madurar.

Los chams de Cochinchina comen arroz seco en el momento de sembrar para que la lluvia no estropee la cosecha.

 

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