Ya más serio respiró profundo y se tomó su tiempo, levantó su pecho cubierto de una tela dorada con piedras azules que brillaban como estrellas, apoyó su espalda en el sillón y en voz muy pero muy baja dijo:

- Lo extraño, los cuentos de su tierra lejana, su sentido del humor, sus amores...

Hubo un silencio, que tuve que soportar mirando el pesebre, esperando que esa imagen y las luces del árbol de navidad me tranquilizaran. Pensé:

- ¿Es un hombre tan viejo, que debe necesitar hablar despacio y lento, o es que no me va a contestar?

Pero volvió a leer mi mente.

- El se durmió el año en que los humanos comenzaron las pruebas.

- ¿Qué pruebas?

- Crear vida, cambiarla, borrarla, matarla, como si sólo fueran de carne. Qué sentido tendría la vida sin el milagro, sin la magia, sin el amor que le da sentido.

Ya no sirvieron mis horas de terapia, me sentía tan culpable.

Era mi época, mi mundo, mi ciencia, qué decir. Entonces recordé que estaría escuchando mi silencio y lo miré esperando su consuelo.

El tiempo se paró un instante y comencé a sentir mis lágrimas molestando en el rostro, y decidí cerrar los ojos para liberar tanta angustia.

Fue cuando sentí su mano en mi hombro, y comencé a sentir el pecho más libre y pude respirar hondo y profundo.

- Calma, yo aún estoy aquí, y eso es lo importante ahora. He venido a darte tu regalo, quiero decirte que puedes liberar tu corazón y tu boca; tus palabras deben escucharse. Debo recordarte que eres libre, que tu vida es grandiosa y que siempre necesitaremos que niños como tú nos hagan volver a la mente de los humanos y, lo que es más importante, ya no estaré tan solo.

- Como todos los niños has venido al mundo con un mensaje, debes entenderlo y decirlo en voz alta en la escuela. Te estaré mirando desde alguna estrella, y estarás siempre acá, a mi lado. -Señaló su traje y una piedra azul en particular.

Quise escapar por vergüenza.

-Llorar frente a un rey mago no es de niños, eso es de hombres cansados, abatidos, no soñadores y sin esperanza... - Él no me dejó seguir pensando eso, me abrazó y me dijo:

-Pequeño hombre, eso es de corazones valientes, sentir lo que sientes es común en los mensajeros.

Entonces cerré los ojos y me dormí.

Cuando desperté aún era de noche y escribí lo que recordé.

Desde hoy será distinto cada 5 de enero, como siempre debió ser. Y desde hoy comencé a disfrutar mi obsequio, por eso quiero decirte en voz alta que lo bueno de los sueños es que a veces se cumplen y que los reyes magos existen.